CARACAS, domingo 21 de diciembre, 2008 | Actualizado hace
En la pedregosa franja de la costa de la provincia de Chubut anidan cientos de miles de estas aves (EFE)
Los primeros europeos que arribaron a las costas de Suramérica
denominaron a los pingüinos magallánicos (Sphenicus
Magellanicus) "pájaros niños o pájaros bobos",
por su caminar bamboleante.
En septiembre, cuando empieza la primavera austral, las hembras
de la especie llegan a la reserva argentina de Punta Tombo,
unas dos semanas después de que ya lo han hecho los machos.
El reencuentro entre ambos géneros inicia el ciclo de
reproducción.
Día a día se van juntando en la pedregosa franja
de la costa de la provincia de Chubut cientos de miles de
estas aves de torpes movimientos. Llega un momento en que
la reserva aloja a un millón de estos animales, convirtiéndola
en la colonia continental de pingüinos magallánicos
más grande del mundo.
Quienes visitan la reserva entre los meses de septiembre
y octubre, asisten al arribo de las hembras y el apareamiento;
en noviembre al nacimiento de las crías, y un mes más
tarde a las primeras incursiones de los pichones en el mar.
En abril los pingüinos adultos comienzan a emigrar hacia
las cálidas aguas del sur de Brasil, de donde retornarán
a los seis meses para recomenzar el ciclo.
Cuando regresan, los pingüinos ocupan los mismos nidos
que dejaron la temporada anterior, normalmente con la misma
pareja.
Los nidos pueden estar cavados en la tierra o construidos
bajos los arbustos. Las hembras tienen casi siempre dos crías,
de las cuales una suele sobrevivir. Los dos pingüinos
adultos se turnan para empollar los huevos y alimentarse en
el mar -de peces y plancton-, para no abandonar el nido y
evitar que las aves de la reserva lo ataquen.
En primera fila
Con asesoramiento
de los guías los visitantes pueden seguir a escasos metros
de distancia a los pingüinos. No se puede aspirar a caminar
entre estas aves porque entrometerse demasiado en su forma
de vida puede acarrear a los turistas más de un buen
picotazo.
Pero, por lo general, las aves permiten a los visitantes
que caminen por la reserva y que las observen a cierta distancia
mientras cuidan de sus crías, nadan en el mar, se pelean
o cortejan entre sí antes del apareamiento. Se puede
observar todo lo que se desee, pero hay que tener muy claro
que no se puede tocar.
Si los pingüinos llegan a cansarse de tanto seguimiento
emiten un sonido parecido a un rebuzno, que resulta intimidante
para los humanos. .
Los pingüinos de Magallanes pueden llegar a vivir unos
20 años, miden entre 70 y 76 centímetros de altura
y tienen un característico doble collar blanco y negro.
Los adultos presentan plumaje negro o grisáceo en el
dorso y blanco en la parte delantera, y los pichones un plumón
de color gris sucio.
Cuando los jóvenes emigran, en febrero, los adultos
se quedan un tiempo más para cambiar el plumaje. Machos
y hembras se dedican al cuidado mutuo. Pasan gran parte del
día ocupados en la limpieza de su cuerpo con el pico,
o sentados uno al lado del otro.
La torpeza que los caracteriza en tierra firme desaparece
cuando se adentran en el agua. Son nadadores hábiles;
alcanzan una velocidad considerable y pueden hundirse hasta
80 metros por debajo del nivel del mar. En el océano
es donde pasan la mayor parte de su vida e, incluso, duermen.
Punta Tombo también acoge numerosas aves marinas, como
las gaviotas australes, los cormoranes reales y de cuello
negro, las palomas antárticas y los petreles gigantes.
Está prevista la construcción de un Centro de Interpretación
en la reserva de Punta Tombo para brindar mejores servicios
a los visitantes. El proyecto incluye un servicio de explicación
de la fauna del lugar, laboratorio para científicos,
confitería y un estacionamiento para las visitas.
La reserva, donde también hay guanacos, ñandúes
(avestruces) y zorros, se encuentra a 181 kilómetros
de Puerto Madryn y a unos 100 kilómetros de la ciudad
de Trelew.
Puerto Madryn es una de las ciudades más pujantes y
protegidas de la costa de Patagonia. Protegida por el Golfo
Nuevo, que comprende Península Valdés y Punta Ninfas,
representa un importante centro turístico situado a unos
67 kilómetros al norte de Trelew. Posee una dinámica
industria hotelera y cuenta con exuberantes playas donde también
se pueden realizar actividades acuáticas.
Almudena Calatrava/Efe Reportajes
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